'No tengo suerte en el amor': la historia de Maira

Miles de personas alrededor del mundo, se repiten varias veces en la vida que no tienen suerte en el amor o que simplemente no han encontrado a esa media naranja que complemente sus vidas. Y justo eso le pasó Maira.

Ya tenía 33 años y ninguna pareja estable. No era por falta de pretendientes, porque era una gordita con mucho swing, como decimos en Cuba, pero algunas cosas no cuadraban.
La verdad es que Maira era muy exigente; y no me refiero a lo físico, ella quería lo mejor y no era flexible. Antonio era tacaño, Mario demasiado bailador, Robertico un mujeriego, Daniel, un confianzudo, José un flojo y Manuel el padre de su hija un despreocupado. Claro, “ella era perfecta”.
A nadie le contaba las miles de veces que los volvía locos con su estilo de vida consumista, su perfeccionismo y manía de echarle siempre la culpa a otros de sus fracasos.
Obviamente todos terminaban cansados de tanta “jodedera” (situación repetitiva y desagradable). Para colmo su hija como niña al fin, veía normal aquel comportamiento.
Los novios que mejor le funcionaron de toda la vida fueron los de internet, esas relaciones donde casi todo es perfecto y solo viven a base de llamadas, mensajes, fotos y todos los medios de comunicación posibles. Pero al final era Maira la que terminaba aburriéndose de los “cibernovios”. 
Ya sus amigas le habían dicho que tenía que aflojar, buscar un hombre imperfecto como todos pero que tuviera las cualidades principales para ella. Lo malo era que ese hombre no existía porque la muchacha quería imponer su forma de ser, recibir sin dar, en fin, llevar la voz cantante porque el problema era de los demás y no de ella.
Cumplió los 40 sola como el uno, su hija se fue con la abuela porque tampoco la soportaba, y ella sin reflexionar. Se dio cuenta tarde de que tanta gente no podía estar equivocada, y aunque intentó solucionar el problema, también se dio cuenta, que las personas no cambian en esencia y se tuvo que acostumbrar a la soledad.
 

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